Ayer (sábado) a las 9.00 salimos de Quito. Llegamos a la ciudad de Cayambe a eso de las 11.00 y aprovechamos de desayunar con sus conocidos y famosos bizcochos, acompañados de chocolate (con leche), queso (en hojas) y dulce de leche. Seis guías de Zona Verde y aproximadamente 12 personas, con experiencia y espíritu montañero. A eso de las 12.00 llegamos al Refugio Ruales - Oleas - Berge, ubicado a cerca de 4800 msnm. Es uno de los mejores, sino el mejor, que hay para alta montaña en el Ecuador. La noche cuesta $ 10.00 para nacionales y 20.00 para extranjeros, sin impuestos (12% IVA).
Nos cambiamos y durante la tarde fuimos a hacer algunas prácticas en la nieve, ya organizados en las cordadas de tres en que subiríamos a la montaña. No almorzamos, pero cenamos algo ligero a las 19.00 y una hora después ya estábamos dormidos. Esas horas previas al reto son las más duras: te invade un miedo profundo, una sensación de vacío y estás a punto de escapar. te preguntas: por qué tengo que hacer algo así si podría estar cómodo y feliz en mi casa?
Despertamos a las 23.30 y en el lapso de una hora, luedo de un desayuno ligero, estábamos listos para partir. Al abrir mis ojos, comenzaron a prender, poco a poco, las luces de las linteras frontales, como luciérnagas en la noche. Un grupo de guerreros que no buscan la muerte, sino la luz, comenzaron a ponerse sus indumentarias, con destreza y precaución: tres capas de ropa, dos pares de guantes y de medias, pasamontañas, botas de alta montaña, además de lo esencial en la mochila de asalto (bebida hidratante, crampones, cámara fotográfica, lentes, etc.).
La caminata, lenta, se inició aproximadamente a la una de la mañana. Los tres de la cordada tienen un paso similar al caminar, se conocen y se llevan adecuadamente porque cualquiera de ellos/as puede salvar tu vida en la nieve. Yo iba con José Crespo, mi amigo de Cuenca, y el guía: Cristian Criollo. Los tres empezamos casi al final y fuimos los primeros en llegar a la cumbre a las 06.45am. Hicimos una parada para ponernos los crampones y otra muy breve de descanso para hidratación. Nos abrazamos emotivamente en la cima y compartimos un momento de eternidad que duró unos minutos. Una profunda sensación que vale el mayor esfuerzo. Un descubirimiento de la grandeza del ser humano y de la naturaleza, tan cerca del cielo y de Dios. la nubes a tus pies, y tú en la mirada de Cristo infinito. Comienza a amanecer... abrimos ruta para los que no tardan en llegar.
El espíritu de la montaña nos acogió con su luz, nos protegió y nos guió por sus escarpados senderos, en medio de grietas, de nuestros propios miedos y dudas. Cada paso, un reto. Cada paso, miles de pensamientos que van y vienen, que no dejan de ser. Cada paso y un deseo de abandonar, otro de llegar y coronar, de vencerte a ti mismo para resurgir desde el fondo hacia lo alto. Tu corazón se acelera no sólo por la presión arterial, sino porque estás en momento de (re)encuentro, de descubrimiento, de nacimiento y vencimientos. No hay límites, sólo los que tú te pongas.
A las 10.00 ya estábamos en el Refugio, sanos y salvos. Listos para regresar con el espíritu recargado.
La historia contada en imágenes: http://picasaweb.google.es/carliliquito2009/Cayambe#
Un abrazo lleno de cariño
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